lunes, 5 de octubre de 2015

Siempre habrá infiernos donde dormir

El viaje por buscar(me) nunca acaba, cuando estoy cerca de saberlo, como un cubo rubrik me desarmo y otra vez al punto de partida. Mi identidad está clara para quienes me rodean pero es imprecisa para mí, frente al espejo solo veo un mapeo de mis "características", pero de mi esencia no soy capaz de dilucidar demasiado. Busco siempre, incansablemente la verdad, mi verdad, la verbalización de hastalo menos traducible en palabras que exista, guardo rencores, dolores, rabias y las atesoro, las abrazo para patear puertas, para dar puñetazos a las paredes y sentir dolor en mis nudillos. Solía pensar que era egoísta, hasta que descubrí a la única persona que he privado de cosas es a mí misma y solo por satisfacer a otros, o creer que de cierta forma lo hacía. Mis "deberes" son mucho más enormes que mis "quereres", los mandatos externos (llámese trabajos, favores y pedidos) los convierto de la manera más imposible e imbécil en "pasatiempos" y en rutinas que supongo engañándome a mi misma serán cosas divertidas, cuando no lo son, y ahí es donde nace mi cansancio, mi agotamiento, la poca paciencia y el temperamento explosivo. Me muestro sana mentalmente para los demás, pero no soy capaz de darme pequeños gustos. Idiota.
Y hoy tengo rabia por cosas chicas, pero las cosas chicas son las que más me irritan, porque llegan al punto exacto donde estalla la bomba  de la incomprensión y no soy capaz de tolerarlo. El descontrol me lleva al final a tener rabia conmigo misma por no ser capaz de encapsularlo, de guardarlo y buscar una manera más sana de expulsarlo. Y ahí nace el círculo vicioso: si no soy capaz de darme un gusto "sano" (a.k.a. "hacer lo que quiero), cuando la impaciencia me lleva a explotar, no puedo negarme tamaña reacción por más que lo intente liberar con otro tipo de energía.