miércoles, 19 de junio de 2013

Cold as the deepest ocean

Las cosas fáciles no son lo mío, desde chica nunca lo fueron. O puede que yo las hiciera difíciles. Solían traumarme los domingos a tal punto de llorar de desesperación apenas terminaba de ver "Cachureos". Las campañas para reunir latas de bebida me atormentaban porque mostraban fotos de niños demacrados por el cáncer y yo, muy empática, los sentía casi mis familiares y sufría por eso. Puede que esas dos cosas sean los únicos secretos más revelables de mi infancia, los demás, escabrosos y alegres, los guardaré para mí. No sé si la dificultad me ayude a respirar o a funcionar, si el peso sobre mis hombros me haga continuar, me incite a no flaquear, me provoque no bajar los brazos. A veces pienso que sin obstáculos físicos, situacionales ni psicológicos no podría existir, no haría nada, solamente me limitaría a ver ochenta mil capítulos de muchas series por más aburridas que sean. Duermo poco y despierto cansada, duermo harto y despierto cansada. Dicen que cuando se utiliza un medicamento para determinada dolencia y no surte efecto, puede que las pastillas sean las equivocadas o el diagnóstico erróneo. Peor es cuando son ambas cosas simultáneamente. Quizás no necesite dormir más de la cuenta ni esté cansada realmente.

(http://www.youtube.com/watch?v=7LlfiBL0ED4 Milk-Garbage)

1 comentario:

Estefania Antonella dijo...

De vez en cuando, cuando estoy aburrida, desvelandome en la internet, me paso por acá a leer un poco, a identificarme con algunas cosas, y con otras no tanto.