viernes, 7 de septiembre de 2007

Es más que solo palabras, son lágrimas y lluvia


Las nubes nunca me mostraron el camino correcto, por más que le rogara al cielo que así sucediera. Las decisiones pesaban y ya no había oportunidad de arrepentimiento. Esa misma tarde encendí el televisor y aunque cambiara de canales, era el mismo corresponsal de prensa, el mismo informativo, el mismo mensaje, las mismas imágenes desgarradoras, nada cambiaba a estas alturas. Mi maleta estaba lista y debía partir el domingo en la tarde a otro lugar, quizás a mi nueva vida, o al final de ella. Nunca pensé que mi vida tomaría un giro de tamaña extrañeza, ni que yo mismo lo provocara. El uniforme estaba colgado en la puerta planchado por mi madre, quien entre lágrimas le quitó las últimas arrugas. Todo estaba dicho y esa tarde de eterna soledad parecía un año completo de fracasos y frustraciones, los dolores se agudizaban, los rencores se encapsulaban para ser guardados pero nunca olvidados, las sonrisas las borré por completo para no tener motivo de retorno anticipado. Todo me indicaba que debía hacerlo, y aunque las señales me mostraran lo contrario, ya estaba entre la espada y la pared sin oportunidad de negarme. Eran las dos de la tarde con cuarenta minutos, en mi departamento de soltero que ni me pertenecía, mientras más intentara convertirlo en mi hogar, nunca funcionó, nada era realmente mío. Los muebles fueron escogidos con ayuda, siguiendo consejos completamente opuestos a lo que yo deseaba para mi propia casa. Las paredes me traían recuerdos amargos, y más ahora, que no quedaba nisiquiera mi cama, porque todo estaba guardado en cajas. Por suerte ella misma iría a buscar las cosas que compró y no me dejaría la desagradable tarea de llevarselos hasta su casa y ver su cara una vez más. Todo había acabado, nosé si decir "Por fin", o tal vez "Por desgracia" pero, ya nada era igual, y cada vez que me sentaba en el pasto recordaba nuestra última conversación, esa que tuvo una gota dulce y litros de amargura acumulada. Recorrí por última vez la casa, subí las escaleras y me acosté en el suelo de nuestra habitación, aún estaban las cortinas que con tan buen gusto ella misma confeccionó. Valió la pena que me hablara tres semanas seguidas de los colores que combinaban, que me mareara con su adictivo gusto a la decoración de interiores y que aunque yo le hablara de mi trabajo, me miraba un segundo, sonriera y después comenzara a hablar de sus amadas cortinas, las que eran practicamente su fetiche. Yo sé que era la mujer de mi vida, aunque lo noté tarde, quizás hoy pude verlo y sentirlo realmente. Todos me decían que era lo mejor que había conseguido en mi vida, mejor que (incluso) el aumento de sueldo que tuve el año pasado, mejor que ser un soldado joven y adinerado, buenmozo y musculoso, mejor que ser deseado por las amigas de mi hermana chica. Todos decían que ella era lo mejor que me había pasado. Ahora yo también lo pienso, es verdad. Me senté en el borde de la ventana, como el primer día que dormimos en ese departamento, esa vez ella tomaba jugo de naranja lleno de pepas hecho por mí y yo tomaba una coca-cola que había estado todo el día expuesta al sol y que practicamente no tenía ni gas. Ella sonreía y me decía que cómo podía beber eso, y compartimos su jugo. La habitación se tornaba deprimente. Caminé y llegué a su vestidor. Ese fue lejor el golpe más fuerte que he recibido en mi vida. La primera vez que la vi sentada frente a su espejo traido de la India maquillándose le dije que la amaba. Fue la primera vez en mi vida que sentí que la amaba, siendo que pasé tantos meses buscando no solamente que me gustara, no solamente sentir cariño por ella, sino que amarla, y ese día lo sentí, lo supe, esas mariposas salieron de mis entrañas y mis ojos destellaron. Le dije que la amaba, ella me miró a través del espejo, soltó el lápiz labial y se lanzó sobre mis brazos. Fue el mejor abrazo que tuve en toda mi vida. En ese mismo momento una verborrea me invadió, y le dije que quería casarme con ella, que quería ser el padre de sus hijos, ser su marido, su amante, su mejor amigo, que quería ser todo en su vida. Ella me abrazó y acarició mis orejas como siempre comenzando a llorar. Sequé sus ojos con mi corbata y nos abrazamos. El armario estaba vacío, la pared tenía la marca del espejo, y el olor a humedad era insoportable. Bajé las escaleras lentamente y me senté un momento. Me tomé la cabeza entre las manos y nisiquiera tuve la valentía de llorar, mis ojos ya no brillaban con esa infinita luz. Me sentía un trozo de basura que podía caminar y pagar las deudas. Solo para eso servía a estas alturas. Llegué hasta la cocina y me apoyé sobre el lavaplatos. Cuantas peleas vivimos ahí. Esos dos años, solamente nos limitábamos a pelear ahí. Ella siempre decía que los problemas quedaban en el primer piso, lejos de nuestra habitación y de su vestidor, el que siempre fue su lugar favorito. Ella nunca usó su escritorio, no le gustaba. Usaba el suelo del vestidor para diseñar los planos que le exigían, para organizar sus papeles, para usar su laptop, pero cuando debía trabajar con pegamentos para unir los trozos de sus maquetas, usaba mi escritorio. Yo no podía decirle nada, porque tenía una vista privilegiada. Me paraba en el antejardín y la miraba por la ventana hacer sus maquetas. Siempre amó su trabajo, y tengo la certeza de que si nos hubieramos casado, ella feliz lo hace en una maqueta tamaño real. Me dolían los ojos, la frente probablemente me estallaría. Tomé un poco de agua y fui a mi escritorio. Mi lugar favorito en un principio, pero de un momento a otro lo comencé a odiar. Todos mis fantasmas se encontraban ahí, escondidos en el papel mural, y mis mayores miedos se escabullían bajo el cubrepisos. Cuántas veces me pregunté la razón de mi infelicidad sentado en esa silla. Cuántas veces miré el techo buscando una solución para sentirme realmente bien, y no escondido tras mis sonrisas de alegría exterior pero de desdicha interior. Cuántas veces golpeé las paredes con mis nudillos sintiéndome un imbécil por no conformarme con lo que tenía, con darme cuenta que tenía todo lo que quería. Mil y una vez le di patadas a la puerta intentando evadir una intermitente depresión que no me dejaba tranquilo. Tal vez la autocompasión me carcomío lentamente, a tal punto de creer padecer un cuadro irreversible de neurastenia. Ese día ella se acercó a mí y me dijo todo. Lo sabía todo. Pero ¿Cómo? ¿Cómo pudiste saberlo? le pregunté esa misma tarde. Tenemos intuición, más si se trata de alguien que amas, y yo te amo. Siempre he querido que seas feliz, dijo ella entre sollozos, y siento que a mi lado no lo eres. La miré abatido, derrotado. Nunca antes me había sentido así, nunca. Ella con esas palabras me aniquiló. Logró lo que menos quería. Era evidente que ella esperaba calmarme, que me sintiera mejor, pero hizo lo contrario. Me senté en mi sillón y le pedí que se sentara sobre mis piernas. La abracé y mientras acariciaba su pelo ella besaba mis manos. No soy feliz, no puedo serlo, creo que, patéticamente estoy destinado a ser alguien con una felicidad mediocre, con todo hasta la mitad, nada realmente completo, dije. Puso su mano en mi boca y besó mis labios. La miré a los ojos y le dije que si yo no era feliz, difícilmente podría hacerla feliz a ella. Sus ojos se llenaron de lágrimas y me dijo que era inmensamente feliz a mi lado. Intenté ponerme de pie y ella se alejó un momento. Comenzó a llorar. -No, por favor no-Me dijo-No me dejes sola aquí, no lo hagas. Seré infeliz sin ti, me moriré- No supe que hacer, la miré un momento y ella se tiró de rodillas al suelo. Tomó mi pierna y me rogó que no la dejara. Le dije que no podía, que era lo que debía hacer. Por su bien, debía hacerlo, yo moría poco a poco a causa de mi amarga forma de ser, y lentamente la amargaba a ella, la muerte se convertía en algo colectivo, mi desvanecimiento pausado se fusionaba con su piel y ambos tendríamos un mal final. Se puso de pie y se fue al vestidor. Estuvo encerrada toda esa noche. Al otro día desperté y ya no estaba. Caminé por toda la casa nuevamente, por última vez. Todo tan vacío. Recordar dolía. Conecté el teléfono y la contestadora tenía un mensaje. Ya eran las cinco de la tarde de esa tarde, antes de emprender un viaje sin retorno. Apreté el botón para escuchar el mensaje de voz. "Usted tiene un mensaje en su buzón de voz" luego se escucha un pito agudo: "Hola, nosé si no quieres contestar o realmente no estás. Benjamín, no sabes todo lo que te he amado. Ya sé todo, me contó la tía que te vas mañana en la tarde. No puedo detenerte, no lo haré, nunca más. No tienes la suficiente valentía como para quedarte, como para hacer que esto funcione. Ay...emmm...nosé qué más decirte-Dijo entre sollozos-Nosé porqué me salen lágrimas, debe ser por la alergia que me aniquila, tu sabes que odio estar en cama. ¿Sabes? En realidad no es alergia, tú eres mi enfermedad, mi alergia, por tí lloro hoy. No te rogaré nunca, nunca lo he hecho y nunca lo haré, lo sabes bien. Mi orgullo es casi tan importante como mi cartera Prada, y casi tan evidente como esto, lo que digo ahora, me refiero. Mira quién está solo ahora, no soy yo. ¿Sabes? No puedo más con esto. Usted no tiene más mensajes en su buzón de voz, para borrar presione uno y para..". Tomé la contestadora y la tiré contra el ventanal del comedor. Caminé hacia la puerta, tomé mi maleta y cerré la puerta. Me arrepentí. Me senté en la escalerita del antejardín y saqué una hoja.
"Supongo que es tiempo de correr, de irme, no me mereces, no te merezco, no nos merecemos. Es algo superior a las simples palabras. La culpa es completamente mía. Ojalá pudiera entrar en mi propia mente, tú lo sabes. Ojalá pudiera elegir entre el cielo y el infierno. Mi cuerpo estuvo en el paraíso, pero mi mente siempre en llamas. No es tu culpa. Intento evitarme problemas, y a ti también. Intentaste salvar mi alma mil y una vez, y no pudiste, o quizás lo hiciste, y yo en mi estupidez la volví a perder, la dejé ir. Es tiempo de irme muy lejos, esconder mi forma verdadera. Te amo".
La dejé bajo la puerta y caminé con mi maleta por ese pequeño pasaje, donde los niños juegan y las adolescentes pasean a sus mascotas, esos perros dignos de Paris Hilton. Nunca olvidaré la última conversación con Bárbara. O más bien su monólogo. Aún la visualizo doblando mis camisas y tirando lejos la plancha: "¿Es una broma? No puedes estar hablando en serio. ¿Por qué te ríes? Si es que fuera risa nerviosa lo entiendo, pero si no, me molestas, me estás molestando. ¿Es gracioso todo esto? ¿Crees que me produce gracia pensar que te puede explotar una granada en la cara? En realidad escribiré un guión cómico al respecto. Mejor acerca de balas y esas cosas. ¿Estás loco? ¡No me mires así! ¿Por qué me miras así? ¡No soy tu mamá! ¿Y qué me importa a mí que te sientas así si ya decidiste todo sin consultarme? Nunca aceptaré esto. ¿Me has preguntado si es que me gusta la idea? Podría tener un esposo sin pierna, inválido, y por opción propia y egoísta de él...¿Por qué te quedas callado? Ah claro, no soy tu esposa, no nos hemos casado aún. ¿Sabes? Ya no me importa, es tu vida. Si eliges las pistolas por sobre la vida de casados, si prefieres las balas por sobre los hijos, ya no me importa, ándate. No le encuentro sentido a esto, no te encuentro sentido a ti mismo. Eres un cobarde, ¿Dónde quedó esa valentía? ¡No me mires así y pásame los pañuelos! Odio que las lágrimas me corran el maquillaje, y no me verás llorar hoy. Lo peor de todo que siempre te he amado, aunque seas extraño, aunque hagas esto porque eres así de ridículo a veces, amas buscar conformidad en el dolor. La autocompasión te supera". Y después de eso se subió al auto y fue a dar una vuelta. Eran las siete de la tarde y yo me dirigía a mi nuevo destino con la maleta en una mano y el uniforme perfectamente planchado en otra. Ya no queda nada que perder. Toqué mi cinturón y tenía la pistola en su lugar, colgando en su funda en mi cintura. Quizás no gané esta batalla pero puedo ganar otra. Pero si muero luchando, tampoco me importa lo suficiente. Buscar conformidad en el dolor, nunca olvidaré esa frase. Caminé hasta llegar a la esquina, me subí al auto que me esperaba. Miré por la ventana y Bárbara corrió hacia mí. Golpeó el vidrio. El chofer me miró. Puse mi mano abierta en el vidrio, y ella posó la suya sonriendo. Puse mi otra mano en mi boca y le lancé un beso. Mis ojos se llenaron de lágrimas y su sonrisa se desvaneció. Dio un grito y le pedí al chofer que nos fuéramos. Giré la cabeza y Bárbara lloraba sentada en la vereda con la cabeza entre sus rodillas. Su imagen poco a poco se hacía más pequeña y mis lágrimas, mis propias lágrimas me aniquilaron. Nunca pensé que lloraría, nunca pensé que me arrepentiría de ir con un escuadrón armado a la guerra. Nunca pensé que tan tarde me daría cuenta que buscaba otra oportunidad a su lado.

(Título sacado de "Tears and rain" de James Blunt)

2 comentarios:

Enigma dijo...

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Gracias por seguir publicando la palabra

bittersweet_girl dijo...

Creo que es la tercera vez que leo este escrito, pero a diferencia de las anteriores ahora te postearte algo,la razón del por que ahora no la sé :P.

Ese día que te hice el comentario de creer que tu forma de escribir se asemeja a la de Gabriel G.M
[Me convenzo mas que es así después de leer tus escritos] bueno volviendo al tema es que ese día se me olvido preguntarte si este escrito tenia alguna relación con la canción de Avril lavigne
"When youre gone"? Te juro que cada vez que lo leo esa canción suena en mi mente.

Me gustan mucho estos escritos el hecho de que estos relatos combinen la ficción con tus pensamientos..tu realidad hacen que la persona que los lea logre conectarse mas con ellos.

Aparte de pasar por este lugar también pase por tu otro rincón de escritura [flog] ese es muy Carrie!
yo creo que si tuvieras un espacio en alguna revista estoy egura que tendrias bastantes seguidores.

Creo que ambos estilos te traerían seguidores por un lado el de este blog que con relatos "ficticios" relacionados con la vida ,en muchos casos con el diario vivir nos introduces en una realidad paralela con las que muchas veces nos identicamos en cierto punto y el flog ,con preguntas que muchas que nos dejan pensando o simplemente nos demuestran que no somos los unicos que estamos pensando lo mismo y que no somos los unicos que andamos tras de respuestas.

Beshus
T.requiero

"When you're gone
The pieces of my heart are missing you"